De vuelta.
Durante este último mes sólo he tenido un fin de semana de descanso. Semanas de siete días en la oficina llegando a casa a las ocho de la tarde. Me ahorraré los detalles, pero os podréis imaginar que estoy totalmente agotada.
Cuando se viven momentos de tanta tensión en un ambiente laboral (en cualquier ambiente, diría yo), es fácil olvidar a veces que todos estamos en el mismo equipo. Surgen roces y discusiones que cuanto más cansados estamos, peor van sentando. El cansancio acumulado se multiplica por dos, o por diez. Y llega un momento en el que crees de verdad que no puedes más.
He estado en ese punto varias veces durante las últimas semanas. Hará unos diez días, sin embargo, llegué del descanso de mediodía y me encontré en mi escritorio un libro envuelto en papel blanco.
La nota que lo acompañaba decía: "C + MJ - I don't mean to be evil. I'm just tired. Love you both, Steve xx".
Lo que probablemente no sabe Steve es que ese gesto me ha hecho aguantar hasta hoy, cuando está a punto de acabarse todo el follón.
Muchísimas gracias, Steve.
A un chico alto con gafas (o "Quien te conoce, lo sabe")
Enhorabuena por esas ciento y pico páginas con portada. Una obrita que si tuviera que describir con un solo adjetivo, calificaría, sobre todo, de inteligente: ¿qué fue antes? ¿la idea? ¿la subvención? ¿el huevo? ¿la gallina?
Gracias por la hora de poesía que me brindaste hace ya más de un mes, un lunes o un martes entre la una y las dos de la madrugada. Nunca antes he llevado ojeras al trabajo con tanto orgullo.
Enhorabuena por haber encontrado a una chica con la que compartir tantísimas cosas.
Gracias por organizar talleres en los que se leen signos de puntuación, por ir a Canadá y leer libros raros, por hacer dibujos que Josefina pueda colorear y por enseñar español a una señora a la que se le olvidan las cosas.
Gracias, en resumen, por infundarnos a los demás tantas ganas de vivir aunque sea sin darte cuenta.
Y perdona por haber tardado tanto en dedicarte este mensaje.