Anécdotas, datos, curiosidades, noticias. Libros, películas, canciones, bromas. Cosas que quiero conservar en la memoria porque pienso o pensé en su momento que valían la pena. Ojalá no me duerma nunca.
Merece la pena.
Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2005.
12/03/2005
Quién me lo iba a decir.
¿En dónde acaba de abrir mi empresa una nueva sucursal?
En Bulgaria.
¿Cuál es uno de los países de Europa que nunca antes pensé en visitar?
Probablemente, Bulgaria.
Y a propósito, ¿aún se pregunta alguien dónde he estado toda la semana?
Pues en Bulgaria, claro.
Si es que no estáis atentos.
Ni "sí" ni "no", sino todo lo contrario.
Los búlgaros son gente curiosa: mientras que el resto de Europa mueve la cabeza en vertical para asentir y en horizontal para negar, ellos lo hacen al revés. Es posible que muchos de vosotros haya leído sobre eso alguna vez. ¿Pero hay alguien que lo haya vivido? Yo sí. Pueden darse tres situaciones distintas:
1) Que los que te hablan sean conscientes de que eres extranjera, y procuren realizar los gestos "traducidos" para que podamos entenderlos. En este caso hay poco que comentar. Las conversaciones se realizaban con bastante normalidad.
2) Que los que te hablan se olviden totalmente de tu condición de "no-búlgara", y asienten y nieguen al revés que tú. En apenas tres días y medio esta situación ha traído más de un malentendido, algunos más divertidos que otros. En mi caso, debo aclarar que me encontraba dando un cursillo de preparación para ocho personas a la vez. Creedme, es muy frustrante explicar algo durante una hora y media, preguntar si todo el mundo lo ha entendido, y ver cómo todos "niegan" con la cabeza, sonrientes. La madre que los trajo (sin acritud).
3) Que empiecen teniendo en cuenta tu nacionalidad, a mitad de la conversación se les olvide, y a finales se vuelvan a acordar. El resultado es que se ponen a mover la cabeza en círculos como locos, y tú no te enteras absolutamente de nada. Confieso, eso sí, que en esos momentos es cuando mejor me lo pasaba.
13/03/2005
Mensaje atípico.
Hace un par de días, hablando por el messenger con un amigo que está pasando por una mala etapa, me pidió en un momento dado que por favor no dejara de escribir aquí. No podía ver su rostro, pero en mi mente se me apareció la misma expresión sombría que se le dibujó hace unos meses cuando, jugando al Pictionary en una de nuestras interminables madrugadas, me imploraba en silencio que consiguiera adivinar la palabra "precio" a partir de un dibujo en el que todavía no hemos sido capaces de hallar semejanza alguna con ningún objeto de la realidad.
Por este amigo me he sentado hoy frente al ordenador, aunque no tenga nada especialmente interesante que contar. Porque creo que merece (mucho) la pena darle un coscorrón a la pereza que de vez en cuando me mantiene alejada de aquí para traeros mis dos minutos diarios de complicidad. Porque estoy segura de que de algún modo, él necesita que yo no abandone el própósito con el que empecé esto el primer día. Sería demasiado decir que le brindo unos instantes de felicidad. Yo creo que, simplemente, se trata de un poquito de paz.
Estoy (sigo estando) aquí. Si me necesitas, silba bajito.
15/03/2005
De lo bueno, lo malo, y otras cuestiones serias.
La semana pasada han tenido lugar varias cosas a la vez que han provocado por mi parte una serie de planteamientos más o menos profundos. Por un lado, me leí el libro de "El Diablo y la señorita Prym", de Paulo Coelho. Por otro, compartí una semana de viaje con el director de mi departamento que resulta ser musulmán, lo que dio lugar a muchas coversaciones refentes a la religión. Y todo ello, en un país tan pobre como Bulgaria en el que mi empresa paga ochenta céntimos por hora por el mismo trabajo que aquí en Brighton se paga a seis libras la hora. Voy a intentar resumirlos y poner un poco de orden:
¿Por qué nos resulta tan fácil ajustar nuestras escalas de valores (es decir, quedarnos con la conciencia tan tranquila) para no condenar en nombre de la religión ciertos actos que son INJUSTOS los mires por donde los mires, pero nos convienen? ¿Tan flexibles -tontos- creemos a nuestros respectivos Dioses como para no darse cuenta?
¿Por qué necesitamos creer en un "árbitro" por encima de nuestras cabezas que se dedique constantemente a juzgar nuestras acciones? ¿No será que no nos atrevemos a juzgarlas nosotros mismos por considerarnos incapaces de perdonar siempre nuestros deslices?
¿Es lo mismo obrar bien por el mero hecho de creer que es lo correcto, que hacerlo para conseguir una recompensa? ¿Y que hacerlo por miedo -terror- al castigo, ya sea en vida o después de la muerte? ¿¿Importa??
Todo lo que sé es que los que en su día inventaron la religión se me antojan, por encima de todo, unos seres bastante maquiavélicos.
16/03/2005
Cuento pendiente.
Siempre he querido escribir un cuento que incluyera las líneas siguientes (las pongo en inglés, porque en español como que pierde el ritmillo):
She told him:
- I am the kind of woman who always says ’yes’.
He gave her the job.
Sin embargo, nunca se me ha ocurrido nada más. Estoy dispuesta a regalárselas a quien sea capaz de terminármelo.
18/03/2005
Un mal día.
Como jefa de departamento, acabo de tomar una decisión que supondrá despedir a una de las empleadas que se encuentran a mi cargo antes de lo previsto. No es especialmente buena trabajando, ha tenido más de un roce con otra gente de la oficina, y en este momento tenemos a alguien exclusivamente dedicado a revisar lo que hace. En circunstancias diferentes, podríamos permitirnos darle más tiempo para adaptarse, pero con todos los cambios que están produciéndose, para cuando empiece a resultar eficiente, es posible que la compañía no la necesite más.
Me siento fatal por haberme visto obligada a tomar esa decisión.
Por otro lado, me alegro un poquito de sentirme tan mal.
Ojalá sea algo que no aprenda a superar nunca.
19/03/2005
Día de San José.
Le dice mi tía Concha hoy a mi primo Javi, ambos al otro lado del teléfono:
- Ven, Javier. ¿Quieres felicitar a la prima María José?
Responde él:
- Ah, ¿pero es padre?